miércoles, 27 de enero de 2010

“Nuestro norte es el sur”

Las diferencias permiten mejorar nuestras explicaciones. Agradezco la hispanidad del comentario de Walter Bertoni, pero quien escribe es latinoamericano en el más amplio sentido del término.

Es necesario pensarnos a nosotros mismos recuperando los mejores pensadores del sur para conocer de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Pensar desde y para América Latina con los latinoamericanos que dieron su vida al pensamiento de nuestra tierra, es lograr entendernos sin la sutilidad envenenada de pensadores que pensaron como invasores y usurpadores a nuestra América.

La conciencia europea ya no corre de la misma manera en estas tierras. No somos receptáculos de una forma de pensar y sentir europeas. Nosotros formamos parte de una historia que muchas veces es desconocida desde una visión colonialista, es decir, gastada como discurso del mundo occidental. Aunque todavía somos testigos de atrocidades imperialistas defendidas por grupos ligados a las invasiones extranjeras (por medio del comercio del pensamiento en la comunicación). No desconocemos la actual usurpación y mal uso de la tierra, y defendemos mínimamente una conciencia sana de la identidad.

Nos ha costado comenzar a ser protagonistas de nuestros destinos, ya que hemos adoptado maneras y formas de pensar que provienen de Europa y hemos adoptando o importado muchas de sus acciones, problemas y soluciones. Nuestra pasividad y dependencia intelectual y económica tienen su origen en nuestra historia truncada. Lo que no implica rezar constantemente a las carabelas.

Una tarea original y liberadora es pensar la América Latina que nos llama a vivir de otra manera (sin querer dejar conforme a nadie con nuestras opiniones). Señala Paulo Freire en Pedagogía del oprimido “Los oprimidos solamente comienzan a creer en ellos mismos cuando descubren las causas de su dominación y se vinculan a la lucha organizada por su liberación” (Freire 47).

¿Cómo se originaron los dominadores por sobre los dominados? ¿De qué forma se hicieron ricos y nosotros pobres? La respuesta se encuentra en la historia de invasión que los europeos desplegaron hace 500 años atrás en el continente americano. La escrita, la difundida, la comercializada historia de europeos y “malos americanos” ayuda a que los poderosos sigan teniendo los mismos nombres.

500 años de conquista cultural, política y económica ha tenido como consecuencia la resistencia de diferentes colectivos y movimientos sociales que hoy luchan por su identidad y manifiestan su disputa por la independencia y libertad ante el modelo homogeneizador del neoliberalismo cultural y económico a través del proceso de la globalización (El Movimiento Zapatista de Liberación Nacional es un ejemplo).

A esta dominación la visualizamos en nuestra vida cotidiana, en la explotación del obrero y de la mujer, en la falta de tolerancia a la diversidad de las manifestaciones culturales alternativas, en la estigmatización y criminalización de una cuerda de tambores o de una murga, en la poca información sobre nuestra historia reciente, en la violación de los derechos humanos y el vaciamiento de los espacios públicos, en los prejuicios hacia un nuevo sector de la comunicación que son las radios comunitarias alejadas de los fines de las radios comerciales o públicas; en la creencia de que no existen alternativas al modo de vida consumista e individualista (consumamos o pensemos en nosotros), en los pragmáticos represores simbólicos de nuestras grandes luchas que incluyen simpatías por revoluciones democráticas con grandes fuerzas populares conscientes que las impulsan.

Nos educaron sobre Hume y no sobre Galeano, nos enseñaron la Constitución y no el pensamiento del Che o Artigas. Si se celebra o respeta únicamente la música clásica y se criminaliza el candombe, se puede aceptar tontamente la idea de que matar a los charrúas en Salsipuedes con la finalidad de “civilizarnos” como nación recién constituida, es un logro civilizatorio.

La crisis identitaria latinoamericana basada en estas contracciones (donde se quieren borrar los límites de las contradicciones) y la integración vista como simple inclusión, no aceptan ni requieren fundamentos sólidos. La educación cultural (el conocimiento de la diversidad dimensional) no es permitida en estos casos.

¿Buscarse en la prosperidad del primer mundo? No bajamos de los barcos con la cruz y la codicia. Esa identidad me resulta ajena y no me pertenece. Tampoco la buscamos en los inmigrantes. También soy africano si soy de Galicia. Pero esa es una historia larga que no pretendemos acotar de ninguna manera aquí.

Nuestra cultura bajó con las cadenas y la sangre que dejaron los negros esclavos. En mi cultura comemos “fijuada”. ¿Y si preferimos una cuerda de tambores a una batería cristiana? Nos tapaban la boca y le cantábamos con una tristísima alegría a nuestros ancestros. Leímos irresistiblemente a Freire, y si alguna vez escuchamos a Evo y a Zitarrosa, admiramos a estos caminantes del arcoiris. Nosotros respetamos a los hijos de esta tierra.

Me costó mucho entender esto. Pasé de vivir de calle Rivera en Fray Bentos a Charrúa en Montevideo.

En nombre del progreso, de la civilización, de la razón, los conquistadores nos hicieron el cuento 500 años atrás. En nombre del trabajo, del progreso y del desarrollo para Fray Bentos, los conquistadores hoy nos siguen haciendo un verso similar.

Si no instalamos una nueva planta de celulosa no progresamos, si no instalamos una nueva planta no vamos a tener trabajo, si no instalamos una nueva planta, vamos a seguir siendo subdesarrollados, nos dicen las mentes conquistadas por los conquistadores que, hace rato sacándole extrañamente el escalón superior a la escalera, nos vienen diciendo que son los únicos que pueden subir a ella.

En lo evidente y simple de un mundo español están nuestras críticas más profundas. No puede ser tan “simple” endilgarle todas las culpas al capitalismo. El refuerzo del orden actual con una visión superada del mundo en base a “prosperidades” económicas contradictorias e injustas, lo hace más complejo. Al capitalismo hay que seguir criticándolo permanentemente ya que en sus bases está la raíz del problema. No adherimos a la tesis del “fin de la historia” y pensamos en una juventud que plantee pensar para transformar lo más radicalmente posible el mundo en el cual existimos.

El hecho de que no haya otra alternativa al mundo “próspero” en el cual dicen que vivimos no significa que las contradicciones no se sigan acumulando y estallen de esta u otra forma, producto de dos lógicas totalmente contradictorias como la naturaleza y el modo de explotación capitalista. En Fray Bentos o en Uruguay la prosperidad económica que aumentó los indicadores económicos no quiere explicar los problemas de la gente pobre. Es una visión reduccionista y economicista que hace referencia al crecimiento y no al desarrollo de los pueblos. El PBI mide objetos y no la calidad de vida de la gente.

El capitalismo es un problema esencial y global del que los especialistas pagados por multinacionales no pueden dar cuenta, porque no les importa contextualizar. Con esa mentalidad los analistas del mundo especializado han dejado los problemas más graves para detenerse en pequeñeces que dan respuestas particulares cuando el problema es universal. “Cuanto más progresa la crisis de este mundo, más progresa la incapacidad para pensar la crisis; cuanto más globales se vuelven los problemas, menos se piensa en ellos. Una inteligencia incapaz de encarar el contexto y el complejo global se vuelve ciega, inconsciente e irresponsable”, sostiene Edgar Morin.

Por lo tanto, es lineal, simple y poco complejo pensar de esa forma ya que el capitalismo no es la cenicienta del siglo XXI para nuestras bibliotecas y nuestras necesidades como latinoamericanos. Es una falta de respeto ensartarse en una silla del primer mundo, tirar un par de insultos en unos segundos y no respetar un trabajo que llevó algunas horas ante un medio como el fraybentino, que se encuentra con pequeñas lecturas de verano aduladas por algún personaje de la farándula argentina.

Que la gente quiera un capitalismo más humano refleja una forma de resignarse ante una América en movimiento.

Pienso que es fundamental dar cuenta de nuestras raíces primarias. Construir la unidad diversa es un interesante desafío.

Desubicado es pensar que en mi cabeza esté todo en orden sobre los conocimientos que tengo del mundo, nada más lejos de la realidad. La preocupación es constante en este lugar sobre los problemas de los americanos y nunca estamos serenos ni queremos mojarle la oreja a nadie.

Me despido con el Che: “Ahora esta masa anónima, esta América de color, sombría, taciturna, que canta en todo el Continente con una misma tristeza y desengaño, ahora esta masa es la que empieza a entrar definitivamente en su propia historia, la empieza a escribir con su sangre, la empieza a sufrir y a morir, porque ahora los campos y las montañas de América, por las faldas de sus sierras, por sus llanuras y sus selvas, entre la soledad o el tráfico de las ciudades, en las costas de los grandes océanos y ríos, se empieza a estremecer este mundo lleno de corazones con los puños calientes de deseos de morir por lo suyo, de conquistar sus derechos casi quinientos años burlados por unos y por otros. Ahora sí la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia…”


Matías Miñán
Colaboración José Jorge
Foto (montaje): Heteroismo

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