AUDIO DE LA ENTREVISTA A CLAUDE SIMONEAU
Claude Simoneau nació en Canadá y estudió en Europa.
Como sociólogo y secretario diplomático fue elegido para una expedición a la Isla de Baffin. Fue contratado para estudiar seis meses, en períodos alternados (con un breve descanso de días entre ellos), la vida de los últimos nómades Inuit (que conocemos como esquimales). La finalidad del gobierno era proporcionar datos sobre la vida de estos, mientras se construían pequeños poblados (viviendas prefabricadas dotadas de comodidades) para los inuit, hecho que llevó a muchos indígenas de estas tierras a modificar sus hábitos, su cultura milenaria. Algunos inuit que no aceptaron este cambio continuaron con su estilo de vida tradicional.
En la entrevista Claude Simoneau nos cuenta sus experiencias y aprendizajes con la comunidad nómade. Lo que había comenzado como una investigación culminó por ser una búsqueda espiritual personal que duró siete años. Su libro “En el susurro del silencio: Mi vida entre los últimos nómadas de la Isla de Baffin” recorre, mediante testimonios y experiencias, los detalles de su vida con los inuit.
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FRAGMENTOS TRANSCRIPTOS DE LA ENTREVISTA
En Canadá lo que pasaba en esa época es que el gobierno canadiense iba a establecer ciudades para los nómades, justamente, de la Isla de Baffin, porque esa gente vivía como vivían hace mil años atrás y justamente en esas ciudades iban a poder vivir bien con calefacción, electricidad, agua corriente, etc. Porque vivían como nómades; con el clima que hacía vivían entre 35 y 37 años solamente. Sabemos que la manera de vivir, que todas las formas que tenía el nómade para vivir iban a ser transformadas completamente. Entonces hay grupos que no quisieron vivir en esas ciudades y quisieron seguir la vida de antaño de sus ancestros. […]
Fuimos un grupo de nueve personas, como cuento en el libro, hay cinco que vuelven, cuatro mueren en la expedición, uno desapareció en una grieta, a otro lo mató un oso polar, otro se suicidó. Como secretario diplomático y además sociólogo yo era la persona adecuada que podía ir a vivir con los Inuit, para justamente tomar nota de todas las vivencias, la manera de actuar, lo que pensaba esa gente. […]
Inuit es "hombre verdadero" y esquimal es "comilón de carne cruda". […]
Yo estudiaba en Montreal y caminaba por la calle y un señor me pidió información de calle [...]. Es que de esa forma cuando he visto el acento que tenía pregunté de dónde venía y venía de Uruguay, él estaba allí por una beca que tenía en música. Cuando terminó la beca, me invitaron a venir de vacaciones acá. Fue así, me acuerdo muy bien porque justamente fuimos de camping a Rocha y en la mañana abrí el transistor y ahí gritaban en el transistor que habían encontrado los chicos en los Andes, así que estaba aquí en ese día. Después volví a Canadá. [...]
Cuando nace el niño, el primer grito que da (significa) que está en la búsqueda de su nombre, según la tradición, se le da el nombre de un ancestro, una persona muy querida de la familia. El nombre está probado unas dos semanas. Porque hay un control de nacimiento, el niño tiene que nacer en primavera, por los pulmones, si mueren tan temprano es porque se congelan los pulmones, los bronquios y todo [...]. El apareamiento se hace justamente para que el niño nazca en primavera. [...]
Yo vivía como ellos, yo mismo masticaba la piel y ayudaba…
(¿Cazaste?)
Las focas sí, el oso blanco no porque no estaría aquí [...] sería el oso el que contaría las aventuras (risas). [...]
Para volver al nombre, hay muchas cosas ligadas al nombre, el nombre del ancestro era importante. Si daban el nombre, daban el nombre de un difunto. Y si era, por ejemplo, el nombre del abuelo, el hombre va a llamar al hijo “padre mío” y no “hijo mío”. Es algo bastante raro para nosotros. Cuando el niño estaba un poco agitado, no lo rezongaban, porque no sabían si era el abuelo o el niño el que se excitaba, y no querían faltarle el respeto al abuelo (risas). [...]
La histeria ártica es una especie de depresión momentánea [...]. A nosotros también nos tocaba eso, era por la falta de luz, cuatro meses de noche completa influyen mucho sobre el carácter de uno. Igual, cuando uno contaba cosas se reía toda la tribu, se reían como locos. Pero si uno contaba algo triste, y se ponía a llorar, todo el mundo lloraba, lloraban mucho, yo lo llamaba “la terapia de las lágrimas”. Yo participaba también, me hacía bien. Porque justamente había que vaciar todo. [...]
Ellos creen en la reencarnación. Al animal que matan le van a pedir perdón pero también le desean que cuando vaya a nacer tenga una vida menos ingrata. No hay cielo, no hay nada, el alma va vagando en el infinito esperando un nombre. […]
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El silencio es muy importante para mí porque tiene muchos susurros […] Me gusta el susurro porque no es fuerte, pero tiene todo su poder. Así que los que son capaces de entender ese poder en un susurro son hermanos míos.
ENTREVISTA: Andrés Fernández, José Jorge.
FOTOS: Agustín Centurión.
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