lunes, 19 de enero de 2009

Nosotros que somos ustedes

“Y sin embargo se mueve”
Galileo Galilei

Decir “Lo nuevo ha sido resistido desde siempre”, sería bastante halagador, pero no, “esa no es la historia de la humanidad”. Frustración, nihilismos, resentimientos, podrían erigirse como calificativos hacia “un otro”, en el instante que “el otro” se levanta como objeto plausible de ser calificado, o simplemente se vuelve visible.

Las cosas a veces se tratan de distancias tanto formales como simbólicas, la “Otredad” se define por ser diferente de un nosotros (no-otros). Entonces las cercanías se vuelven necesarias para poder diferenciarme/lo.

Si ese “otro” cercano, además nos molesta, se transformará en “un otro” a eliminar o por lo menos en un objeto a atacar (pensemos en ejemplos bastante prácticos e ilustrativos: musulmanes-cristianos, la inquisición-herejes, Israel-Palestina). Esto es causado por la posibilidad del “otro” de inmiscuirse y participar del mismo plano simbólico, o sea entiendo lo que el otro es y me molesta, esta posibilidad de intelección reside en el plano de lo entendido-conocido, no de lo desconocido. Es entonces la imposibilidad de identificarse con el otro, de verse uno mismo en él.

Como lo muestran nuestros ejemplos “el otro” no necesariamente es un individuo solo, como en la inquisición- la iglesia contra una pobre mujer acusada de bruja- sino que generalmente se compone de un grupo numeroso al que podríamos llamar una masa o simplemente “los otros”, o literalmente barrios, ciudades, países, razas o religiones, cuadros de fútbol, y todos los ejemplos que resuenen.

Pasemos a un punto interesante de este razonamiento, “el otro es necesario”, ya que “el otro” pone límites a la existencia del “nosotros”, ya que él nos dice todo lo que “nosotros” no somos y además hasta donde vamos, o sea “los otros” nos definen. Pone límites, territorializa y agencia al nosotros. Asimismo “el otro” sirve de depositario de aspectos negativos a los cuales “el nosotros” se resiste a reconocer por negación o por el monto de angustia que este genera cuando se vuelve visible, y así salvaguarda la salud de un todo, que en sí mismo es la unidad.

Es así, que las características del todo trascienden a los individuos que lo conforman, esa unión borra diferencias que se preexisten entre los individuos que la componen, se deduce de esto que un uruguayo debe: tomar mate y comer torta frita cuando llueve; un Fraybentino apoyar a Botnia y pasear en la rambla (en moto); los españoles ser gallegos. Cualquiera que falte a estas características sería menos uruguayo o menos fraybentino que los demás. Con esto no desconocemos a los numerosos uruguayos que no toman mate ni a los fraybentinos que no van a la rambla (en moto) sino que esta propiedad les trasciende, un ser ideal al cual hay que, necesariamente, parecerse.El término “nosotros” opera en diferentes planos, con en el mismo sentido, se superpone, y tienen los mismos efectos de segregación-unión ¿A qué me refiero con esto? Si bien uno puede ser negro, también puede ser protestante, hincha de Peñarol; o puede encontrarse con agrupaciones bastante originales en la congregación de sus miembros como: la afro-anarco-punk-gay.

En esta superposición de planos se podría entrever la solución a la segmentación social, política y filosófica, a la que asistimos en estos tiempos post-modernos, a esta pluralidad de “otros” que se conforman continuamente, pero en el fondo denota la artificialidad de los axiomas que aúnan a los individuos. El individuo es un ser gregario por instinto, pero las premisas que logran conformar y homogenizar a un grupo, no le pertenecen naturalmente, no son inmanentes a este, son creadas por él y no lo subyugan.

Entonces un fraybentino que no apoya a Botnia puede ser acusado de resentido, de fracasado, solamente por no acatar las premisas que conforman el fraybentinismo, que supone que ser ciudadano es de un modo y no de otro. Esta es la forma, en la que se vuelve blanco de los pequeños voceros -que parecen legitimar los caminos del ser y hacer en la ciudad-, aparatos de estados[1], que lo pueden señalar como un traidor o un nihilista, descreedor de una causa que significa un bien para todos.

Un bien que siempre por venir, cada vez más se escurre en manos rigidizadas por un establishment caduco. Estas pequeñas máquinas que reproducen hasta el hartazgo consignas y discursos, gastados, abarrotados de fracaso, se regocijan con los pequeños pedazo de torta, se olvidan que hay algunos que no les gustan los dulces (ni las motos Yumbo).

Los ataques a este fraybentino no revistirían un carácter personal si no fuera que hacen visible el tambaleo de un statu quo ya endeble y frustrante, que da de comer a unos pocos (siempre los mismos). Por que lo que se persigue no es otra cosa que la diferencia y lo nuevo que se presenta como diferencia. Allí se desdibuja la posibilidad de lo distinto como una nueva forma, con nuevos contenidos que pueden enriquecer la forma en la que discurre la discusión sobre determinado tema, que a todos nos concierne.

No se trata de si la cuestión es blanca o negra, o en tonos de grises, sino de la posibilidad de introducir una recta de fuga, quebrar lo que hay como establecido y natural, e introducir un color, aunque sea uno primario. Es que cuando lo nuevo se presenta, ya sea en forma o contenido, promueve un quiebre, un viraje a lo ya dicho o hecho, que básicamente funciona como premisa. Estas verdades axiomáticas son difíciles de remover, no porque sean más verdades sino porque son cómodas, funcionales y replantean un tema que jamás se discutió.

La presencia de un fraybentino feliz o uno amargado no reviste mayor importancia que la que presenta la pelusa en el ombligo para el dueño de este. Con esto entendemos que las discusiones de los temas importantes no se cierran porque un grupo diga: cómo, cuándo y dónde se debe discutir. Porque aunque la felicidad enmudezca a quien le va “bien” y la infelicidad haga gritar al frustrado, no dejan con esto de sustentar discursos que convergen en objetos/situaciones comunes.

[1] Althusser, Louis. Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Paidos, Buenos Aires.1998.

Corresponsal: Julián Costas-Lafinur, desde Plaza Rivera.

Bibliografía


Althusser, Louis. Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Paidos, Buenos Aires.1998.

Eira, Gabriel. La Verdad, la certeza y otras mentiras. Psicolibro Universitario.


6 comentarios:

Iloinen Fraybentiinan dijo...

El otro que soy yo

Que seudónimo más coqueto, borgiano, patricio, pequeño burgués. ¿Te ponen nota por eso?

Ya que de nota hablamos, empecemos por la ortografía: se escribe "establishment" y "statu quo". Para taller literario la ortografía es previa.

Lo otro, demasiado previsible, un copy paste intelectual, de original nada.

Además el "otro", depositario de todas las virtudes, vengo a ser "yo" que de tan humilde que soy me abstengo de usar la primera persona del singular. Que lo parió Don Narciso, que le vaya bien en su introspección umbilical.

Lo demás, más que previsible, la victimización, que por las dudas es agresiva. "Me atacan los malos mamá".

No se enrosquen muchachos. Hay vida afuera de la cueva.

Älä huolestu.
Ole onnellinen.

Blasvida dijo...

Matias, Matias, Matias,
Dame un turno.
En consecuencia de tu lucha por el cambio, o la exposición de tus pensamientos en este tan magnifico blog, que enrola todos los tipos de pensamientos y cantidad de ideologias y propuestas y practicas culturales, mira es todo un problema de existencia y de pertenencia, lo que todos tenemos en comun o creo que la mayoria de los integrantes de este blogg y los comentaristas, de alguna manera es que todos tenemos una responsabilidad social, solo con el hecho de haber creado este blog y los comentaristas por hacer justamente que el blog cobre algún sentido de golpe energético en los corazones de las personas, hasta acá está bárbaro, pero del dicho al hecho hay un largo trecho y la gente es como vos decís: igual pero diferente, decime de corazon vos los conocés bien y sabés lo que digo; esperemos que la historia juzgue a los que la exaltan con hermosa elocuencia teórica y poca sensibilidad practica en la cotidianeidad.

Anónimo dijo...

Lloinen Fraybentiinan: Agradezco su persistencia, lo cual connota su interés por nuestro trabajo, pero me gustaría invitarlo a que se adueñe de sus palabras dandole algun contenido mas allá de la estética propagandística, es decir, lo suyo parece un balbuceo intelectualoide proveniente de algunas desordenadas lecturas de playa. Es muy dificil entablar una comunicación desde esa postura en la cual usted se autoadjudica la postura espectral de un profesor omnipotente muy pronto para corregir y escurridizo para explicar,me interesaría que usted exponga lo que piensa con toda propiedad y pueda explicar con rigor epistémico sus ideas, creo que sus fantasias en cuanto a nostotros se se ven reforzadas por un profundo des-conocimiento de los soportes teóricos planteados.
Robert.

Robert Urgoite; Matías Miñán; José Jorge; Jimmy Crespo; Arthurzico dijo...

A partir de este comentario, los comentarios con insultos de "Fraybentino feliz" serán eliminados mientras impliquen una denigración personal.

Anónimo dijo...

Está bueno. Pocos artículos se animan al tema de la otredad. Recuerdo un trabajo de Luis Alarcón, "Perspectivas de la Sociología Latinoamericana", basado en algunas ideas de Freire y de otros sociólogos latinoamericanos. Recomiendo el capítulo "La otredad como episteme". Dejo la dirección del artículo en la U. de Chile: http://www.moebio.uchile.cl/11/alarcon.htm

Saludos José

José Jorge dijo...

"El otro", sin un marco teórico adecuado, puede formar parte de una interpretación interpersonal limitada y encarnizada(un otro), y no de una faceta antropológico cultural, como lo demuestra quien cree que la vida afuera de una interpretación, es la vida misma (POR LO TANTO HAY QUE ESCAPAR DE AHI). Yo no me puedo nombrar porque excluyo a los demás al elevarme como observador de "eso otro". Nada más lejano que lo que quiere comunicar el artículo.

Lo otro, no es el otro. El otro (visto como en el primer comentario)no implica una autoadjudicación de sobre-conciencia al yo. Y quién leyó a Gabriel Eira (recomendamos), por lo menos, puede dejar de pensar en "yo" y "el otro", como "uno" y "lo que son los otros" tan sencillamente como lo plantea aquél fraybentino feliz que no extrañaremos. No se trata de separación, sino de integración.

He aquí la equivocación y el enojo de quién rodea su interés interpretativo con pocas personas, crítica que el grupo ha tenido que aguantar varias veces.

A los lectores incitamos a anotar y notar estas y otras posibilidades de mala interpretación que a veces pasan por inocentes y a veces no.